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Red Ambiental Córdoba - Para entender la ley de semillas

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Para entender la ley de semillas

Comprender las muchas consecuencias graves que la aprobación del proyecto oficialista de actualización de ley de semillas traería aparejadas no es una tarea del todo sencilla. La dificultad nace, al menos en parte, de que la propuesta resulta muy bizarra y contraintuitiva, ya que implica aplicar derechos de autor sobre seres vivientes y (aunque se podría argumentar que la patria potestad es una forma de ello) no es esto algo a lo que acostumbremos. De modo que para poder acercarla a nuestro entendimiento una buena manera podría ser parangonarla a algo que ya esté sujeto a copyright, por ejemplo, libros.

Vamos a suponer que vos y tu vecino tienen cada quien una librería. Las dos librerías tienen enfoques y públicos muy diferentes. La de al lado es una librería enorme, llena de best selleres. Libros de autoayuda de Pilar Sordo, novelas de Dan Brown, boludeces new age sobre la ley de atracción, merchandising de Harry Potter y de dónde está Wally. El criterio del tipo es que cualquier cosa que se venda masivamente va a tener lugar en sus estantes. El tuyo, es que todos estos cuantiosos volúmenes suman una gran y uniforme colección de mierda. Escritos que requieren montones de revisiones y edición para poder convertirse en algo siquiera inteligible, sumado a gastos gigantes en publicidad para posicionarse en el mercado, pero son de nulo valor artístico y dañinos para quien los lee. Sentís pena por sus clientes, que llenan sus horas con chatarra literaria que adquieren acríticamente, tal vez incluso para luego apilarla sin siquiera leerla jamás. Más te entristecen los árboles que dieron sus vidas en vano para que toda esa porquería pudiera salir de las imprentas. Pero bueno, lamentablemente no elegimos a nuestros vecinos y el sujeto se gana la vida de ese modo. Celaví.

Para vos en cambio la literatura ocupa un lugar fundamental en tu vida. Somos lo que leemos, gustás de repetir. Tu librería, mucho más modesta, lleva en pie varias generaciones. Y lo importante no es tanto el negocio en sí, que es algo muy importante, sino principalmente que las personas que lleguen a ella puedan sumergirse en maravillosos universos alternativos, encontrar valiosas respuestas y sobre todo nuevos interrogantes con los que nutrir sus mentes y espíritus, dar con ese autor extrañísimo que no tienen en ninguna otra parte. Te precías y enorgullecés de eso. Además, vos disfrutás de escribir tus propios libros también y ofrecerlos al público, junto con otros varios de autorías locales.

Ahora ya introducido un escenario familiar, es momento de hacer lugar a una pequeña concesión para poder avanzar en nuestro camino a la comprensión de la ley en cuestión, que era el punto de todo esto. Vamos a suponer que un grupo de científicos, necesariamente chinos, ha fraguado una tecnología por la cuál es posible replicar libros plantándolos en la tierra. Si bien este fenómeno nos puede parecer antojadizo y ridículo, se ha descripto en varios mundos literarios a lo largo de la historia, y además estamos tratando de entender una normativa antojadiza y ridícula de todos modos.

En fin. Tu vecino hace lo siguiente. Compra los libros originales a la editorial multinacional asperaza que siempre está sacando best sellers nuevos, uno peor que él otro, los entierra, luego los junta del suelo y los vende. De todos los que salen de la tierra, si el tipo quiere volver a enterrar alguno o varios, le tiene que pagar regalías a la editorial. Si no, tiene que comprar el mismo libro original de nuevo, que es lo que termina haciendo porque es menos viaje y porque la editorial tiene muchas maneras de persuadirlo para que tome ese camino.

Vos, en cambio, tenés muchos libros cuyos autores murieron hace ya tiempo y que no están sujetos a copyright. También otros son de editoriales locales pequeñas que son mucho más relajadas con estas cosas, y que comparten tu ideal de una ganancia justa ampliada por la gratificación de difundir cultura. Y otros son tuyos. Y otros tienen esos derechos de autor que mientras no te apropies el libro vos y rindas el merecido nombramiento a quien lo escribió está todo bien, hasta lo podés modificar parcialmente si querés y sigue estando todo bien mientras nadie se lo adueñe. En fin, buenísimo.

Un día sembraste un manuscrito tuyo, y cuando brotó vendiste algunas copias y otras las volviste a plantar. Y al otro día cayó tu vecino con un abogado de la editorial enorme. El abogado te cuenta que les debés un fangote de guita porque hay unos párrafos de tu libro que son sospechosamente similares a otros del último de Deepak Chopra, cuyos derechos los tienen ellos. Tras constatar con espanto que tu producción se vio realmente contaminada con esta cagada pseudocuántica y que la está esparciendo por doquier, buscas internamente alguna explicación vinculada al misterio de la literatura por el cual las obras logran intercambiar información aún en independencia y en oposición a la voluntad de quien las escribe, o le atribuís el problema a tu inocente confianza en una tecnología barata de origen chino, y le explicas al abogado que esta era la última de tus intenciones, más bien que el error fue de ellos por reproducir y exhibir esta obra contaminante e invasiva sin medir consecuencias a largo plazo, y que vas a retirar las copias restantes de la venta e informar a tus antes confiados y ahora seguramente decepcionados clientes del desaguisado. Pero no hay caso. Te embargan la librería, vale verga la vida, y tu vecino tira la medianera para expandir su negocio y poder exhibir las sagas de Crepúsculo y 50 Sombras de Grey con mayor holgura.

Bueno, así o un poco no tanto, pero con las semillas. Si se aprueba el proyecto, toda semilla que tenga determinada secuencia genética (novedosa o no) será propiedad intelectual del laboratorio que la haya patentado, y cada vez que se la siembre habrá que pagarle por ello (se vulnera el llamado "derecho al uso propio"), en parte porque en realidad la propiedad intelectual está regida por la ley de patentes, y no por la ley de semillas (nótese una tormenta de paradojas emergentes desde este hecho). Muchas empresas que producen variedades de semillas transgénicas (como la soja resistente al estrés hídrico) no las liberan al mercado aún esperando esta legislación. De aprobarse, se ampliaría la frontera agrícola y tendríamos más de lo que menos necesitamos: monocultivos transgénicos. 

Además, una comisión reguladora del estado se adjudicaría el rol de policía para potencialmente ingresar a doquiera que algo se cultive (campos, quintas, huertas, etc.) y analizar ese algo, para constatar que no haya violación a la ley. Ahora bien, ¿qué ocurriría en el caso de las personas que sin haber adquirido semillas transgénicas hayan visto sus cultivos contaminados con ellas y en consecuencia las hayan resembrado? Pues bien, si tus semillas se contaminan con material genético patentado, ya no son tus semillas, no podés volver a sembrarlas (un caso emblemático a nivel mundial es el de Monsanto vs. Percy Schmeiser). Este fenómeno es más una norma que una excepción, ya que las plantas intercambian material genético todo el tiempo mediante la polinización y otras formas de imposible control.

En efecto, el proyecto de ley sólo hace mención de las variedades modificadas genéticamente y omite deliberada y peligrosísimamente a quienes quieran producir sin sembrar transgénicos. Un pequeño vacío legal con consecuencias que incluirían, sin limitarse a, un río de caca para la biodiversidad, la soberanía alimentaria, la agroecología, y otras cosas que suenan y son muy buenas e importantes para nuestra existencia en el planeta. Es un buen momento para informarnos al respecto y sobre todo para tomar acciones contra este desastre, que no es jurídico sino político y cultural, y que le atañe a cualquier persona que lleve a cabo el muy difundido (aún) acto de comer.

Por eso, es la semana de acción contra la ley de semillas Bayer-Monsanto, y en Córdoba concentramos el 27/02 a las 10:00 AM en Tribunales Federales para mostrar nuestro rechazo (además de para pedir por la remediación y reparación de los daños ambientales provocados en Barrio San Antonio por la planta de Porta Hnos. Que produce bioetanol a partir de maíz transgénico hace años en el corazón de un barrio residencial, así que son cosas super vinculadas).

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Etiquetas: Luchas Ambientales, América del Sur, Agroecología, Buen Vivir, bioetanol, Editoriales

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